Estaba desarrollando este escrito... pero, a los días siguientes de escribirlo, leyendo los evangelios, no me cuadraba con las curaciones milagrosas y públicas que hacia Jesús. Tampoco me cuadra con testimonios recientes de personas cercanas... La primera, quedo atrapada en medio de una riña a balazos, y en el puro centro del fuego cruzado... salio sin un rasguño, nadie de los que vieron eso creyeron que pudiera salir viva de ahí, las pistolas estaban a cortos metros de ella. Otro... una persona sin muchos recursos que quería deshacerse de una vieja camioneta, se la roban y el seguro le da el dinero que necesitaba para ir a Roma a visitar a su hijo que está estudiando para ser sacerdote.
¿Realmente Dios manipula/usa la naturaleza, los corazones las situaciones, no lo hace?
LOS MILAGROS
Uno de los errores más grandes que comete la gente es no comprender el actuar de Dios en el mundo. Dios no desdice el poder creativo y libre que ha dado a su creación natural y al hombre. La oración no viene a suprimir lo ya creado. Quizá un par de veces en toda la historia Dios haya actuado con soberano y total deslumbrante poder. Pero los “milagros” tienen más que ver con el testigo que percibe la compañía de Dios en los acontecimientos, que en situaciones maravillosos. El hecho de que no conozcamos su explicación no significa que no exista una. Dios no viene a manipular las leyes de la naturaleza al cantar del hombre, viene a acompañarlo en lo que ya existe, se mueve y ante todo en su propia libertad creadora. Por eso la fe, la confianza en Dios, no entra por el fuego, el tornado y el espectáculo, sino por la “escucha”, que no significa solamente prestar oido, sino también prestar la mirada para ver su actuar casi silencioso en los pequeños acontecimientos, que sin embargo, son los que definen y enmarcan nuestra historia, movida hacia adelante por el sentido que me precede, y que es el amor de mi padre que me da todo lo que existe para moverlo hacia la justicia, belleza y verdad que me ha mostrado el mismo en la sangre y sudor de Cristo, en su vida y su cruz.
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Exactamente, los milagros no tienen que ver con suspender las necesidades de la naturaleza, o no tienen que ver de manera directa. Si no, serían incontrovertibles, y desdirían la libertad con la que Dios quiso que creyéramos, porque si algo que ocurre ante nosotros contradice las leyes de la naturaleza de manera absoluta, siendo intelectualmente honestos estaríamos obligados a creer, cosa que está muy fuera del modus operandi de Dios. La paradoja sería que si creo en un Dios que me obliga a creer a través de milagros, ya no es el Dios verdadero.
Me dirán: pero hay santos que levitaron, así que la ley absoluta de la gravedad ha sido contradicha.
Sin embargo, debe notarse que no vemos normalmente un salto levitar, lo que hacemos es leer una narración que cuenta que un santo levitó. Pero no debemos confundir narraciones con hechos. Podría ocurrir que la narración fuera una fantasía del narrador (una fantasía consciente o inconsciente), también podría ocurrir que el caso fuera cierto literalmente, pero no ocurrido a la vista de nadie que necesitara eso para creer.
Yo creo que Dios puede violar todas las necesidades de la naturaleza que le plazcan, aunque no lo haga por respeto a nosotros, o solo lo haga cuando puede contar con la complicidad del espectador. Si veo a alguien levitar, no creeré en Dios por ello, porque yo creo de antemano en que Dios puede hacerlo, así que si un santo levita ante mi vista, me parecerá sumamente divertido (o asombroso, o admirable, etc.) por parte de Dios brindarme ese espectáculo. Quizás luego escriba un cuento sobre un santo que levita, y contaré algo real que yo vi, pero no será ya lo que yo vi, ni en mi narración se estará violando ninguna necesidad natural.
Por tanto las narraciones no sirven para convencer a nadie, afortunadamente, sino para testimoniar y dar que pensar, a partir de lo cual, al que llega a creer se le abre un mundo de cosas nuevas para ver. Es en ese mundo donde ocurren los milagros.
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«Busca a Dios, entonces hallarás a Dios y todo lo bueno.» (M. Eckhard)