En el padre nuestro, hay dos traducciones distintas del pecado. Perdona nuestras ofensas, y perdona nuestras deudas. El pecado es ¿una ofensa a Dios? ¿es una deuda con Dios?
Hola Feminico es las dos cosas
Un abrazo
Maite
"Señor a quién iremos sólo contigo estamos seguros
Hola, Feminico, tanto tiempo!
Yo estoy fuera de casa, y con una conexión a internet muy endeble, por lo que solo podré escribir poco, y seguir poco también la conversación.
Respecto de tu duda, tiene razón Maite: que en un sentido general los dos significados son correctos y equivalentes.
Ahora bien, la palabra original griega (ofeilema) tiene como sentido primario "deuda", en sentido monetario.
En la versión griega del AT (los LXX) solo se la usa en un versículo, y se refiere específicamente a deudas:
Dt 24,10: "Si haces algún préstamo (ofeilema) a tu prójimo, no entrarás en su casa para tomar la prenda, sea cual fuere."
En el Nuevo Testamento solo se usa dos veces: en la versión del Padrenuestro de San Mateo (6,12); y en Romanos 4,4, donde tiene el sentido claro de "deuda pecuniaria" ("Al que trabaja no se le cuenta el salario como favor sino como deuda").
San Lucas usa una expresión derivada del mismo verbo: ofeilonti: el que debe, y lo equipara a "pecado" (perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos a los que nos deben).
Yo creo que en el Padrenuestro se ha usado provocativamente esta palabra, precisamente para mostrar que la ofensa, el pecado, el mal infligido, es una deuda, introduce un desequilibrio, no es un asunto solo "interior" y personal, sino algo que afecta a otros.
Bueno, se me acaba la conexión, dejo, si luego puedo sigoi.
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La creación es la esposa de Cristo, y nosotros su regalo de bodas.
Si Dios es transcendente, nada que haga el hombre le puede afectar. ¿tiene el hombre la capacidad de ofender a Dios? Según San Agustín el pecado es no aceptar el plan de Dios sobre la creación. Al no aceptar dicho plan, el hombre lo único que hace es hacerse un mal a sí mismo, ya que si la felicidad viene implítica en la aceptación del plan de Dios, también la infelicidad viene implítica en la no aceptación. De este modo el cielo sería la recompensa al buen obrar, y el infierno sería la consecuencia del pecado. El cielo y el infierno no serían algo de la vida futura, sino que se experimentaría ya en esta vida.
Además de esas consecuencias, ¿es una ofensa a Dios?
En relación con este tema me viene a la memoria el famoso juicio a Dios por genocidio realizado en la URSS.
Lunacharski leyó la sentencia: Dios era condenado a muerte y debía ser fusilado a la mañana siguiente. Al amanecer, un pelotón llevó a caso los deseos del juez disparando varias ráfagas al cielo de Moscú.
En realidad, lo único que lograron fue hacer el ridículo.
Si Dios es transcendente, nada que haga el hombre le puede afectar
Sinceramente, no estoy en absoluto de acuerdo con eso, me suena a una noción estoica (y por tanto de raíz pagana) de Dios. El Dios de la revelación se revela, se muestra, y muestra que le afecta nuestro obrar, nos quiere y sufre con nuestros extravíos..
¿Qué es todo eso que dice la Biblia? ¿metáforas? sí, sin ninguna duda, pero no meras metáforas.
Dios es trascendente y todo nuestro conocimiento de Él es analógico, pero es una analogía "cum fundamento in re", como diría la filosofía escolástica: una analogía con fundamento real.
Si tienes una experiencia de amar a alguien y quieres comunicarla, no encontrarás ningún lenguaje directo, tendrás que usar sí o sí metáforas y analogías, pero tu experiencia es lo que es: algo real.
Dios ama al hombre, eso es real, y eso es ya una afección y un abanico de posibilidades de afección. Se comunique como se comunique.
¿tiene el hombre la capacidad de ofender a Dios?
No es una capacidad del hombre, es una posibilidad de Dios, analógica, pero real.
Al no aceptar dicho plan, el hombre lo único que hace es hacerse un mal a sí mismo, ya que si la felicidad viene implícita en la aceptación del plan de Dios, también la infelicidad viene implícita en la no aceptación.
Por supuesto que cuando el hombre se desvía del plan de Dios sobre su vida se hace mal a sí mismo, pero eso no implica que Dios, de alguna manera, no se sienta afectado por ello, que es el tema que veníamos hablando.
Ahora bien, independientemente de que no es el tema principal, la noción de "plan de Dios" es una noción problemática. Creo que normalmente se lo imagina (y lo que es peor: se lo predica) como si Dios tuviera un plan minucioso trazado sobre nuestra vida, y lo bueno es que repitamos esa hoja de ruta.
No creo que eso surja de la imagen bíblica de Dios. Por el contrario, en la imagen bíblica de Dios, este interpela al hombre en su libertad, lo deja crear y recrear su camino, y Él responde a esa interacción con el hombre recreando también su plan de salvación.
Metáfora de esto es el sinuoso camino del Éxodo.
El hecho final de que Dios "no retenga ávidamente su forma de Dios" sino que se haga nada por el hombre, sometiéndose a la muerte de cruz, consigue contener en sí todos los caminos de la libertad del hombre, de tal modo que se hace real la frase poética del salmo: "Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro", pero de ninguna manera eso anula las elecciones del hombre y su capacidad de organizar su propio plan de vida.
Prefiero pensar el plan de Dios como un ámbito protectivo (paterno) en el que el hombre se puede mover y crear su propio camino, en el que se encuentra con ese Dios que le sale al paso.
En cuanto al "juicio a Dios" no lo veo tan ridículo... al menos se tomaron más en serio a Dios que muchos cristianos.
La imagen bíblica de Dios es muy problemática, no podemos alegremente proclamar el Dios bíblico ignorando sus aristas más duras y por momentos casi antropófobo.
Si Dios en su revelación acepta ser visto así, es que se toma en serio la historicidad del hombre y se revela en los horizontes de esa historicidad, pero entonces, ¿cuál es la validez absoluta de algo tan relativamente vinculado a la historia?
Lunacharski era dramaturgo además de político...
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La creación es la esposa de Cristo, y nosotros su regalo de bodas.
Este tema está relacionado con las actuaciones de ciertos grupos que se denominan católicos. La ofensa a Dios es algo que estos grupos politizados usan para demandar a los que consideran blasfemos, por ofender a Dios. No obstante, si todo pecado es ofensa a Dios, no es lógico que solamente se movilicen con las burlas o ridiculización de temas religiosos. Hay otros muchos pecados por los que deberían movilizarse. Y yo creo que se entiende más la ofensa a Dios, la realizada en sus creaturas, porque el mismo Jesús dejó claro, que las ofensas o injusticias con los hambrientos, sedientos, etc, eran ofensas a Dios.
Ahora veo un poco más contextualizado lo que dices, y estoy fundamentalmente de acuerdo con que esas "defensas" de Dios son mucho peores que el fuego enemigo. Lo dice muy bien la declaración de Abu Dabhi: "Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie".
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La creación es la esposa de Cristo, y nosotros su regalo de bodas.
Ahora veo un poco más contextualizado lo que dices, y estoy fundamentalmente de acuerdo con que esas "defensas" de Dios son mucho peores que el fuego enemigo. Lo dice muy bien la regla declaración de Abu Dabhi: "Dios, el Omnipotente, no necesita ser defendido por nadie".
Es interesante reflexionar sobre la declaración de Abu Dhabi y la idea de que Dios, siendo omnipotente, no necesita ser defendido por nadie. Esta afirmación encierra una profunda comprensión de la naturaleza divina y la relación entre la fe y la defensa de creencias religiosas.
Cuando consideramos la noción de defender a Dios, nos enfrentamos a una paradoja fundamental. ¿Cómo puede algo que es omnipotente y omnisciente necesitar ser defendido por sus seguidores humanos? La respuesta, como señala la declaración, es que no lo necesita. Dios, en su infinita sabiduría y poder, trasciende cualquier necesidad de protección o justificación por parte de los mortales.
Además, la idea de defender a Dios puede llevar a interpretaciones erróneas y acciones perjudiciales. Las llamadas "defensas" de Dios a menudo están marcadas por la intolerancia, el fanatismo y la violencia en nombre de la religión. Estos esfuerzos, lejos de honrar a Dios, pueden socavar los valores fundamentales de amor, compasión y respeto por la humanidad.
La violencia en nombre de la religión, ya sea en forma de guerras santas, persecuciones o discriminación, es profundamente preocupante y contradice los principios espirituales de muchas tradiciones religiosas. En lugar de promover la paz y la armonía, la defensa agresiva de la fe puede sembrar divisiones y contribuir a conflictos destructivos en todo el mundo.
Por lo tanto, la declaración de Abu Dhabi nos recuerda la importancia de adoptar una perspectiva más humilde y comprensiva hacia nuestras creencias religiosas. En lugar de tratar de defender a Dios con fervor y violencia, deberíamos centrarnos en vivir nuestras vidas de acuerdo con los valores que consideramos sagrados, como la compasión, la justicia y el amor hacia nuestros semejantes.
En última instancia, la verdadera defensa de la fe radica en nuestras acciones y en la forma en que tratamos a los demás en el mundo. Al vivir con integridad y compasión, podemos reflejar la luz divina que reside en cada uno de nosotros y contribuir a la construcción de un mundo más justo, pacífico y compasivo para todos.