Hace unos domingos estuve en la celebración eucarística en una parroquia a la que no asisto normalmente. La epistola era de San Pablo Ef 5, 21-32.
Sin embargo se omitieron los primeros versículos que hacían referencia a la sumisión de la esposa al marido. Quedó un texto que asequible a todos, sin que hubiera ocasión a que a algunos les rechinaran los oídos. Pero no sé si de esta forma se educa a los fieles a entender la biblia. El salmo 126 también se usa en la liturgia sin los versículos más duros. ¿Quién pudiera agarrar y estrellar tus niños contra las peñas?
Y he leido en otras webs protestante propuestas más atrevidas. El usar lenguaje inclusivo, no referirse a Dios como padre, etc. etc. Por contra, en otras webs protestantes no se aceptan traducciones modernas de la biblia, también protestantes, a las que achacan errores doctrinales, y solamente aceptan las traducciones de Reina Valera. Está visto que los de sola scriptura, no hay por donde cogerlo, pues solo admiten una tradición referente a los manuscrítos bíblicos.
De modo que algo de razón ya tenia la Iglesia al no fiarse mucho de la lectura de la biblia por los fieles, que en aquellos siglos eran incultos, pues aun ahora, que se supone que los fieles son instruidos, pueden ser inducidos al error, precisamente por la lectura de la biblia.
Cuestión muy interesante y que no puede resolverse de un plumazo:
-por un lado se trata de la Biblia, palabra trascendente, ¿quiénes somos nosotros para enmendarle la plana?
-por otro lado la propia Biblia fue querida por Dios como una palabra histórica y encarnada, no la podemos recibir al modo fundamentalista, como si todo lo que dice tiene que "ir a misa"...
Hay muchas palabras bíblicas que la Iglesia ha dejado de lado en la liturgia, precisamente porque más que edificar la fe, pueden ser ocasión de escándalo.
Mencionas el final de "Super flumina", pero hay tres salmos enteros, además de muchos fragmentos, que no se leen en la liturgia, el 58, el 83 y el 109 (un número menos cada uno en la numeración litúrgica), puedes ver para este este artículo aquí mismo.
Los textos bíblicos de la liturgia están en general muy bien escogidos, pero claro, están seleccionados a lo largo de siglos (no de años y de décadas) y han atravesado criterios culturales cambiantes.
Esto nos tendría que advertir que hay que ser cuidadoso en sacar la tijera y recortar. Nos parece que nuestros valores son absolutos y son los mejores, pero puede ser simplemente porque son los nuestros.
En el caso particular de ese fragmento, hay que reconocer que es difícil, pero yo no lo quitaría con tanta facilidad. Lo mejor siempre es explicar, aprovechar la homilía para hablar de la Biblia. Un fragmento complicado puede ser la ocasión para que muchos se anoticien, quizás por primera vez, de la historicidad de la palabra bíblica. En cambio si se lo quita, se quita un escollo momentáneo, pero, ¿qué pasará cuando la gente descubra que esa palabra nunca se le leyó? ¿no se sentirá engañada por la Iglesia?
Por eso creo que lo mejor es que sea la propia Iglesia la que se encargue de recortar los textos, y no el cura de la parroquia, o peor aun, los encargados de las lecturas, que muchas veces no saben distinguir entre diversos géneros de lectura.
Excepción hecha, por supuesto, de las misas "de" niños (mejor: con niños, o con participación mayoritaria de niños), ahí sí a veces hay que pasar la podadora por el leccionario antes de leer. De hecho la propia liturgia prevé un leccionario especial para esas misas.
En mi parroquia las misas de niños usan el leccionario que toca en el tiempo, no el de niños, y me encargo personalmente de revisar la coordinación entre los evangelios del domingo y lo que vemos en la catequesis, y el sacerdote completa el puente entre las dos cosas en la homilía, pero a veces tenemos que pasar la tijera.
-----------------
La creación es la esposa de Cristo, y nosotros su regalo de bodas.