
«Que Dios bendiga a Camerún, sostenga a sus dirigentes, inspire a la sociedad civil y conceda a todo el pueblo camerunés construir juntos un futuro de justicia y de paz». Con este mensaje, León XIV ha abierto este miércoles su primer discurso en Camerún en el Palacio Presidencial de Yaundé ante autoridades, representantes civiles y el cuerpo diplomático. Antes se reunió con el Presidente.
El Pontífice ha elogiado que Camerún es un «África en miniatura» por su diversidad. «Esta variedad no es una fragilidad; es un tesoro. Constituye una promesa de fraternidad y un sólido fundamento para construir una paz duradera», ha reivindicado. En esa línea, ha subrayado que a su visita llega «como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz».
León XIV ha lamentado «¡cuánta hambre y sed de justicia!» hay en el país, que tiene además carencias democráticas, pues también ha señalado «¡cuánta sed de participación y de paz!». Y ha llamado a los jóvenes a «dar forma a un mundo más justo». Él, por su parte, hará lo que esté en su mano, pues ha expresado su voluntad de «reforzar los lazos de cooperación entre la Santa Sede y la República de Camerún».
La paz no se basa en escaladas
El Papa ha planteado de forma explícita varias preguntas a los líderes políticos. Entre ellas: «¿En qué punto nos encontramos? ¿De qué manera ha dado fruto la Palabra? ¿Y qué queda por hacer?». Citando a san Agustín, al igual que ya hizo varias ocasiones en Argelia, ha explicado que gobernar es «dedicarse con mente lúcida y conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo».
En un contexto marcado por la violencia en varias regiones del país, el Papa ha advertido de que «detrás de las estadísticas hay rostros, historias y esperanzas heridas». Igualmente ha reiterado que «el mundo tiene sed de paz». «¡Basta ya de guerras!», ha clamado. Y ha vuelto a pronunciar esa llamada a una paz «desarmada y desarmante», es decir, no basada en el miedo ni las escaladas armamentísticas sino en ser capaz de «abrir los corazones y generar confianza».
León XIV ha elogiado el papel de la sociedad civil, que «debe considerarse una fuerza vital para la cohesión nacional». Y se ha mostrado optimista de que «Camerún también está preparado para esta transición». En concreto, ha elogiado que las mujeres «siguen siendo incansables constructoras de paz» y exigido que «su voz debe ser plenamente reconocida».
La corrupción «desfigura la autoridad»
Otro eje de su discurso ha sido el Estado de Derecho y que no puede quedar en entredicho por solamente defender la seguridad. Igualmente ha llamado a «romper las cadenas de la corrupción» porque, aparte de estar mal en sí misma, «desfigura la autoridad».
Por último, ha llamado a los jóvenes «la esperanza del país y de la Iglesia», ha pedido invertir en su formación para revertir la fuga de talentos y ha asegurado que la Iglesia continuará trabajando «sin distinción» junto a «las fuerzas vitales de la nación» para promover «la dignidad humana y la reconciliación».