
En la única Misa que León XIV ha celebrado en Argelia, en la basílica de San Agustín de Annaba junto a las ruinas de la antigua Hipona, ha reivindicado que los cristianos tienen como «código fundamental la caridad». Después, apoyándose en el diálogo del Evangelio entre Jesús y Nicodemo, ha llamado a los 1.500 asistentes a «nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios». Y ha recalcado que este proceso «no se trata de una dura imposición ni de una coacción sino de un don de libertad».
El Papa ha hecho una pregunta retórica para los más escépticos en el templo: «¿De verdad puede cambiar nuestra historia?». A veces puede parecer imposible ya que, como él mismo ha dicho, «¡estamos tan cargados de problemas, acechanzas y tribulaciones!». A lo que él mismo se ha respondido con un entusiasta «¡sí!» y ha asegurado que «cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor».
«Auténtico criterio de reforma eclesial»
En su homilía, el Papa ha citado varias veces a san Agustín y su conversión. Y ha llamado a la Iglesia a «acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial» que es sincero porque «comienza en el corazón». También ha llamado a la «unidad espiritual» y «la concordia» que, tal y como su nombre indica, es una «comunión de corazones que laten juntos». Dando una vuelta de tuerca más, ha recalcado la necesidad de ser una comunidad basada en la fe compartida porque la Iglesia «no se basa en un contrato social, sino en una armonía en la fe».
Según el Pontífice, la verdadera unidad implica que «nadie se ve privado de algo porque cada uno pone en común lo que le es propio». Por tanto, la entrega fraterna «no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí».
Que las preocupaciones «no nos corrompan»
León XIV, al igual que en otras ocasiones durante este viaje a Argelia, ha puesto deberes a los cristianos en el actual contexto bélico. Ha sentenciado que «la Iglesia, animada por esta ley que Dios escribe en los corazones, está siempre dando vida, porque donde hay desesperación, enciende esperanza». Y «donde hay conflicto lleva reconciliación».
Por último, el Papa ha encargado a todos los obispos y sacerdotes «dar testimonio de Dios al mundo con un solo corazón y una sola alma» porque, aunque existan problemas, deben evitar que «las preocupaciones nos corrompan con el miedo ni las modas nos debiliten».
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