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El Testigo Fiel
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003 ~
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Documentación: Bernardo de Claraval, abad
Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Císter, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux, donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia.

Él es el pastor, él es pasto, él es la redención

fuente: Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 31, 8-10: Opera omnia. Edit Cisterc. 1957, 1, 224-226)
Se utiliza en: 5 de enero (par) (5/1)

Por todas las páginas de este Cántico encontrarás al Verbo oculto bajo el florido ropaje de imágenes de este tipo. Por esta razón, cuando el profeta dice: Al ungido del Señor, al que era nuestro aliento: a su sombra viviremos entre los pueblos, pienso que quiere decirnos que ahora vemos como en un espejo de adivinar, sin llegar todavía al cara a cara. Y esto precisamente mientras vivimos entre los pueblos, pues cuando vivamos entre los ángeles será otra cosa. Entonces, en posesión ya de una inalterable felicidad, veremos como ellos a Dios tal cual es, es decir, no a través de sombras, sino en su esencia divina.

Y así como afirmamos que los antiguos vivieron entre sombras y figuras, mientras que a nosotros nos ha inundado la luz de la misma verdad gracias a Cristo presente en la carne, así también creo que no habrá nadie que niegue que, en comparación con la vida venidera, nosotros mismos vivimos en el entretanto en una especie de penumbra de la verdad, a no ser que quiera contradecir al Apóstol cuando afirma: Inmaduro es nuestro conocer e inmadura nuestra profecía; y aquello: No es que haya conseguido el premio. ¿Cómo no va a haber diferencia entre el que camina en la fe y el que goza ya de la visión? Así pues, el justo vive de la fe, el santo goza en la visión. De aquí que el hombre santo vive aquí en la tierra en la sombra de Cristo, mientras el santo ángel se gloría de la espléndida luz de la gloria.

La sombra de la fe es providencial, pues acomoda el volumen luminoso a la capacidad del ojo débil y lo prepara para los esplendores de la luz. Está escrito en efecto: Ha purificado sus corazones con la fe. Pues la fe no apaga la luz, sino que la conserva. La sombra de la fe me preserva, custodiado en el secreto de su fidelidad, todo lo que el ángel ve abiertamente, para revelármelo a su debido tiempo. Por lo demás, la misma Madre de Dios vivía en la sombra de la fe, pues que se le dijo: Dichosa tú, que has creído. Tuvo además la sombra que proyectaba el cuerpo de Cristo la que oyó: La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Y no puede ser despreciable la sombra proyectada por la fuerza del Altísimo. Hay en la carne de Cristo una verdadera fuerza, que cubrió a la Virgen con su sombra, hasta el punto de que lo que era imposible para una mujer mortal, una vez concebido el cuerpo vivificante, fue hecha capaz de ser portadora de la presencia de la majestad y de soportar la luz inaccesible. Es una fuerza tal, que desarticula todas las fuerzas enemigas. Fuerza y sombra que pone en fuga a los demonios y protege a los hombres. Mejor dicho: fuerza que vigoriza, sombra que refresca.

Así, pues, vivimos en la sombra de Cristo cuantos caminamos en la fe y nos alimentamos de su carne para tener vida, porque la carne de Cristo es verdadera comida. Y quién sabe si precisamente por esto Cristo es descrito en este pasaje con el atuendo de pastor, al que la esposa se dirige, como a un pastor cualquiera, diciéndole: Avísame dónde pastoreas, dónde recuestas tu ganado en la siesta. Buen pastor que da su vida por sus ovejas. Da su vida por ellas: la vida como precio, la carne como alimento. ¡Qué maravilla! Él es el pastor, él es el pasto, él es la redención.

Otras lecturas del mismo autor

Con él estaré en la tribulación - [(Sermón 17 sobre el salmo 90: Tú que habitas, 4, 6: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966], 489-491)]
El orden del amor distribuyó en nuestra casa tres ministerios - [(Sermón 3 en la Asuncion de la bienaventurada Virgen María, 4. 5: PL 183, 423. 424)]
La castidad sin la caridad no tiene valor - [Carta 42 a Enrique, arzobispo de Sens [o Tratado sobre las costumbres y el ministerio de los obispos], 3,8 (PL 182,816-817)]
Piensa en María e invócala en todos los momentos - [De las homilías sobre las excelencias de la Virgen María (Homilía 2, 17, 1-33: SCh 390, 1993, 168-170)]
Vivimos en la esperanza - [De los sermones (Sermón 7 sobre el salmo 90, 1.3.5.6.12: Opera omnia, edit Cister. t. 4, 1966, 412-416. 421)]
Esperamos la celestial consolación - [De los sermones sobre la Ascensión del Señor (Sermón 5 - Opera omnia Edit Cister. t. 5, 149 150)]
Todo el mundo espera la respuesta de María - [Homilía sobre las excelencias de la Virgen Madre 4,8-9]
Preparada por el Altísimo, designada anticipadamente por los padres antiguos - [Homilías sobre las excelencias de la Virgen Madre (Homilía 2, 1-2.4: Opera omnia ed. Cister, 4, 1966, 21-23)]
Que te guarden en tus caminos - [Sermón 12 sobre el salmo 90: 3,6-8 (Opera Omnia, ed. cisterc, 4 [1966], 458-462)]
Hay que buscar la sabiduría - [Sermón 15 sobre diversas materias (PL 184, 577 579)]
Vendrá a nosotros la Palabra de Dios - [Sermón en el Adviento del Señor 5,1-3]
La Madre estaba junto a la cruz - [Sermón en el domingo de la infraoctava de la Asunción, 14-15]
En la plenitud de los tiempos vino la plenitud de la divinidad - [Sermón en la Epifanía del Señor 1,1-2]
Conviene meditar los misterios de salvación - [Sermón sobre el acueducto (Opera Ominia, ed. cirsterciense, 5 [1968], 282-283)]
Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia - [Sermón sobre el Cantar de los Cantares 61,3-5]
Amo porque amo, amo por amar - [Sermón sobre el libro del Cantar de los cantares (Sermón 83,4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)]
Yo pienso designios de paz - [Sermones (Sermón 2, 1-2 en el día de Pentecostés: Opera omnia, Edit. Cist. t. 5, 1968, 165-166)]
Adorna tu morada, Sión, porque el Señor te prefiere a ti - [Sermones (Sermón 2, 1. 2. 3 en la dedicación de la Iglesia: Opera omnia, Edic. Cister. t. 5, 375-377)]
Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan - [Sermones (Sermón 2. Opera Omnia, ed. cisterc, 5 [1968], 364-368)]
La ciencia de los santos consiste en sufrir aquí temporalmente y deleitarse eternamente. - [Sermones (Sermón 21, 1-3: Opera omnia, Edit Cister t. 6, 1, 1970, 168-170)]
Me pondré de centinela para escuchar lo que me dice - [Sermones (Sermón 5, 1-4: Opera omnia, Edit Cist. 6, 1, 1970, 98-103)]
Apresurémonos al encuentro de los que nos esperan - [Sermones (Sermón 5, 2-3.6 en la fiesta de Todos los Santos : Opera omnia, Edit. Cister. t. 5, 1968, 362-363.365)]
Sobre los grados de la contemplación - [Sermones (Sermón 5, 4-5: Opera omnia, Edit Cist. 6, 1, 1970, 103-104)]
Preciosa la sabiduría que nos da a conocer a Dios - [Sermones (Sermón 7, en la Epifanía: Opera omnia, ed. Cister 1970, 671, 26-27)]
No llores, Jerusalén, porque está para llegar tu salvación - [Sermones sobre el Adviento (Sermón 10-11: Opera omnia, Edit. Cister t. 6, 1, 1970, 19-20)]
Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 15, 4-6: Opera omnia. Edit. Cister, 1957, 1, 84-86)]
Me casaré contigo en misericordia y en fidelidad - [Sermones sobre el Cantar de los Cantares (Sermón 27, 4. 6-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 1, 1957, 185-187)]
Habitaré y caminaré con ellos - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 27, 7. 9 Opera omnia, Edit. Cister. 1957, 1, 186-188)]
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor - [Sermones sobre el Cantar de los cantares (Sermón 37,5-7: Opera omnia, Edit. Cister. t. 2, 1958, 12-14)]
Para tener un corazón sensible a la miseria ajena, es necesario que primero reconozcas la tuya propia - [Tratado sobre los grados de la humildad y la soberbia (Tratado III, 6: Opera omnia, Edit. Cisterc. 3, 1963, 20-21)]
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