a) Concepto. El discurso en parábolas, entendido en sentido amplio, se apoya en la comparación de procesos o de cualidades de los diferentes ámbitos que figuran en la exposición. Su visión sintética en la comparación y en su ampliación para construir una parábola tiende a un contenido de enunciados unitario de cuño figurativo y a una eficacia discursiva que suscita o respectivamente incita a la comprensión y la profundización del sentido intentado. El hebreo antiguo no tiene un término específico y estable para el concepto de parábola como género discursivo. El sustantivo מָשָׁל [másál], formado a partir de la base verbal משל [msl] (primariamente «ser parecido», «igualar»), designa las diferentes formas de unidades de enunciados, sobre todo en la literatura sapiencial y en la profética, y abarca semánticamente las características de la comparación, del sentido oculto, de la significación trasladada o de cualesquiera otras formas imaginativas significativas estrechamente emparentadas con los enigmas (Prov 1,6), los refranes populares y las frases proverbiales (1Sam 10,12; Ez 18,2ss), las sentencias sapienciales (1Re 5,12; Prov 1,1; Prov 1,6), los discursos didácticos (Sal 49,5; Sal 78,2), los oráculos de videntes (Nm 23,7; Nm 23,18 y otros), las sentencias proféticas en parábolas bajo la forma o con los rasgos de la ↗alegoría (típicas en Ez: Ez 17,2; Ez 21,5; Ez 24,3; cf. Ez 16; Ez 19; Ez 23) y las sentencias o canciones burlescas (Dt 28,37; Is 14,4). — Los LXX vierten el hebreo másál (43 veces en el TM y Si) casi siempre por παραβολή (29 veces), de suerte que este vocablo adquiere la misma amplitud semántica que la palabra hebrea. A partir de los LXX se explica la amplitud semántica, asimismo extensa, de παραβολή en el Nuevo Testamento (infra, b). Es más restringida la significación del término en el griego profano (yuxtaposición, comparación, cotejo). En la Retórica de Aristóteles (II, 20, o respectivamente 1393a-1394b), designa, entre los medios de prueba, los ejemplos imaginados que mejor pueden entenderse como posibles o reales, en oposición a las fábulas (λόγοι).
b) Crítica de los géneros. Desde la perspectiva de la crítica de los géneros son relativamente pocos los testimonios veterotestamentarios que pueden aducirse como ejemplos claros de parábolas en sentido estricto, y menos aún de fábulas (Jue 9,8-15; 2Re 14,9ss), y tampoco se les designa expresamente como mashal. Estos géneros surgieron primariamente, al igual que el enigma (Jue 14,14) y la alegoría (p. ej., Qo 11,9-12,7), en el seno de la tradición de la sabiduría educativa y existencial de Israel.
La parábola en sentido estricto describe un suceso bien conocido a través de la experiencia cotidiana para elevar hasta el plano de la conciencia e iluminar por su medio otros aspectos. En este objetivo de comprensión se sitúa todo el peso (Liebchen, págs. 124s.). Is 28,23-29 recurre, en el marco de un discurso didáctico, a una doble parábola, la de la siembra y la recolección, para explicar, de la mano de estas diferentes actividades agrícolas, el correspondiente «plan» histórico de Yahveh y el cambio de la sentencia profética. La parábola del sarmiento, inutilizable en carpintería, de Ez 15,2-5, pone ante los ojos el carácter inevitable del juicio (Ez 15,6ss).
Las narraciones en parábolas veterotestamentarias pueden ser consideradas parábolas en sentido estricto en cuanto que no exponen narrativamente eventos cotidianos concretos y respetan así el principio del mismo nivel entre lo comparante y lo comparado, posibilitan al destinatario la identificación y llevan a una nueva comprensión y una nueva actuación. Hay tres parábolas que señalan, en sus respectivos contextos, una función de (auto)condena crítica frente a los poderosos: 2Sam 12,1-4; 2Sam 12,5ss; 2Sam 14,5-17; 1Re 20,38-43. El «canto de la viña» de Isaías (Is 5,1-7), composición compleja y de elevado valor poético, que alude a la acusación y la amenaza de Yahveh (Is 5,1-4; Is 5,5ss), no descubre hasta el final sus rasgos alegóricos (Is 5,7). Se inicia con una narración parabólica que explica los motivos y en la que un evento conocido experimenta de pronto un giro inesperado (Is 5,1b-2) y provoca un juicio (Is 5,3ss). El librito de Jonás es funcionalmente una parábola teológica que muestra la amplitud de la misericordia divina también en favor de los paganos dispuestos a la conversión. Están testificadas con mucha mayor frecuencia que las parábolas mencionadas las narraciones de acciones proféticas (acciones simbólicas) (unas 30 veces). También ellas son una forma de proclamación profética, pero subrayan a la vez la eficacia de la palabra pronunciada por el profeta (p. ej., Os 1; Os 3; Ez 4ss; Ez 12).
Hubert Irsigler
a) Concepto. En el término «parábola» se vierten los vocablos griegos παραβολή (50 veces en el NT, 48 de ellas en los sinópticos) y παροιμία (Jn 10,6; Jn 16,25; Jn 16,29). El sustantivo παραβολή puede significar también «proverbio» (Lc 4,23) o sentencia sapiencial (Mc 7,17) debido al amplio campo semántico de la palabra hebrea משל [másál] que subyace en el fondo de la traducción παραβολή de los LXX (cf. supra, 1). Empalmando con la Retórica de Aristóteles, Jülicher define la parábola como «la figura del discurso en la que la eficacia de una sentencia (de una idea) debe ser garantizada mediante la yuxtaposición de otra sentencia, de eficacia segura, perteneciente a un ámbito diferente» (vol. 2, pág. 80). Esta definición impugna, con razón, una interpretación de la parábola, mantenida durante mucho tiempo, unilateralmente alegórica. Frente a esta intelección, Jülicher distingue entre la mitad figurativa y la mitad objetiva, unidas entre sí mediante un tertium comparationis. Las nuevas teorías sobre la parábola han superado también ciertos estrechamientos anteriores, al aludir al «ensamblamiento» entre el juicio del narrador y el del oyente (Linnemann), a la «estructura dialógica» (Fusco), a las parábolas como «objetos estéticos autónomos» (Via), como metáforas por medio de las cuales en el evento lingüístico se dibuja de manera intraducible la nueva realidad de la basileia de Dios (Weder) y se la torna eficaz (Harnisch), o como «acciones comunicativas» (Arens).
b) Clases. Las parábolas de Jesús pueden articularse en: α) comparaciones en sentido estricto, que describen experiencias de validez general y, por lo mismo, convincentes, por ejemplo la siembra y la cosecha (Mc 4,3-9; Mc 4,26-29; Mc 4,30-32), la fermentación de la masa (Mt 13,33), el hallazgo de la moneda o de la oveja perdidas (Lc 15,4-10), el trato entre el amo y el criado (Lc 17,7-10). De ahí que algunas parábolas comiencen con la pregunta: «¿Quién de vosotros...?» (Lc 15,4; Lc 17,7 y otros). β) Parábolas que narran casos singulares inhabituales, por ejemplo el de los jornaleros que reciben la misma paga por horas de trabajo diferentes (Mt 20,1-16) o el de la enorme suma de la deuda condonada a un deudor que luego es incapaz de perdonar a su vez una minucia a un deudor suyo (Mt 18,23-35), el banquete que finalmente se celebra a pesar de que no asiste ninguno de los invitados iniciales (Lc 14,16-24), el hijo pródigo a quien su padre vuelve a recibir con inmensa alegría (Lc 15,11-32), el administrador trapacero que, sin embargo, sale bien librado de una situación comprometida (Lc 16,1-8). γ) Narraciones ejemplares, que describen casos ejemplares, de rasgos tanto positivos como negativos, por ejemplo la ayuda del samaritano (Lc 10,30-37), la necedad del hombre rico (Lc 12,16-21), la conducta del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14).
La dimensión teológica más importante de las parábolas de Jesús consiste en que sus destinatarios se dejan afectar y cambiar por el reino de Dios del que se habla en ellas, al igual que lo hacen, por ejemplo, los milagros. En uno y otro caso, comienza a hacerse realidad aquí el reino de Dios. Ahora bien, el mundo simbólicamente descrito en las parábolas no es una utopía, como demuestra la resurrección de Jesús. Con ella, el narrador de parábolas Jesús se convertía en lo «narrado» y ha repercutido en la transformación protocristiana de numerosas parábolas y en su interpretación.
Alfons Weiser