La expresión, utilizada como nombre propio (no como nombre y género: "Yahvé, Dios") aparece exclusivamente en la historia de Adán y Eva (Gn 2-3) -y de manera muy abundante: 20 veces- y en libros 1 y 2 Crónicas (otras 20 veces, aunque más repartidas que en Gn). Litúrgicamente la traducimos "El Señor Dios", por la costumbre heredada del judaísmo de no pronunciar el Nombre sagrado (ver nota a YHVH), pero realmente de ese modo pierde su carácter de nombre propio, y toda su peculiaridad.