Es llamado en hebreo har hazzetím, y en griego to horos ton elaión o simplemente to elaión (lit.: El de los olivos). Del griego deriva el nombre de "Eleona", que es como se conoció ya en era cristiana, de allí que "Eleona" fuera el nombre del santuario mandado construir por santa Elena, tal como documenta Eusebio de Cesarea en Vita Const. III,43,1 (y del cual subsisten restos). Realmente no es un solo monte, sino una cadena montañosa, ubicada al este de Jerusalén (ver Zc 14,3-4, donde se habla de la gloria de YHWH saliendo del Templo hacia el monte de los Olivos, aunque sin nombrarlo así), separada del casco antiguo de Jerusalén por el valle del Cedrón, tras de la cual está ya el Desierto de Judea.
Como todos los lugares altos, ya en la temprana antigüedad fue considerado un lugar sagrado (ver 2Sm 15,30 y Ez 11,23). En una de sus cimas Salomón erigió un santuario para Astarté, Kemós y Milkom (ver 1Re 11,5-7), que más tarde fue destruido por Josías, en su estricta reforma del culto.
En la geografía simbólica de los evangelios, es el lugar donde Jesús se retira para su entrega total al Padre (Getsemaní), donde Jesús anticipa el juicio y la ruina de Jerusalén (Mc 13,33ss || Mt 24,3ss) y donde asciende a los cielos (Lc 24,50). La tradición ubica allí la enseñanza del Padrenuestro aunque los evangelios no lo precisan. Actualmente hay allí una basílica que conmemora este hecho.
Sus laderas son también una importante necrópolis judía, aún en uso, como puede verse en la foto (toda la superficie color ocre son tumbas del cementerio judío).