El nombre geográfico forma parte de la cita de Jr 31,15. La mención es compleja:
-Por un lado en Ramá parece haber situado una tradición la tumba de Raquel (1Sm 10,2); era una localidad en territorio de Benjamín (Jos 18,25). Desde la tumba, la propia Raquel —que murió en el parto de Benjamín— llora la muerte (que en el contexto del profeta es sobre todo el destierro) de sus hijos. Ramá era también, según Jr 40,1, la estación antes de la partida de los desterrados a Babilonia. El motivo del llanto parece relacionarse específicamente con este hecho.
-Otra tradición muy asentada en la Biblia (Gn 35,19 y Gn 48,7) sitúa claramente la tumba de Raquel en Belén. Por tanto podría ser que Jr mencione Ramá sólo por ser estación de los desterrados.
-Una posibilidad más la trae Justino (Diál. 78,8) que conoce la tradición de la tumba en Belén y sitúa a Ramá en Arabia, como sitio lejano —la alusión sería entonces a la intensidad del grito, que se oye incluso desde allí—.
-Cabe la posibilidad de que, sobre la doble tradición de la tumba de Raquel, Mateo, o los escribas del círculo donde se elaboraron estos textos, creyeran que Belén y Ramá eran el mismo sitio. De hecho el mapa más antiguo de Tierra Santa que se conoce, el mosaico de Madaba (s. V dC.), las identifica.
Con el mismo nombre de Ramá se conoce otra localidad, Ramatáyim-Sofim, mencionada en 1Sm 1,1 como lugar de nacimiento del profeta Samuel; no es una localización alternativa de esta que estamos tratando, sino otra ciudad, homónima en algunas tradiciones, que se suele identificar en la actualidad con la Arimatea mencionada en los evangelios, por ello la situación de esa segunda Ramá la trataremos bajo ese título.
La identificación de Ramá, cruzada por múltiples tradiciones topográficas y teológicas, refuerza el uso profundamente simbólico que Mateo hace del Antiguo Testamento: no se trata solo de geografía, sino de una memoria de dolor y esperanza proyectada sobre el presente de la infancia de Jesús.