No es mencionado por su nombre en el NT, pero es señalado de manera inequívoca en el relato de la samaritana: "nuestros padres adoraron en este monte". Por esto, aunque no se lo mencione por su nombre, corresponde una entrada en este registro.
A los pies de este monte se hallaba desde la antigüedad, incluso preisraelita, el prestigioso santuario de Siquem, ciudad milenaria (desde hacia el 4000 a.C.), y sitio de adoración de las distintas poblaciones que ocuparon la región.
Ya en Génesis se lo trata como un lugar sagrado, y se dice que Abraham estuvo allí (Gn 12,6), e incluso que Jacob compró una parcela en el sitio (Gn 33,18-19).
El monte, por tanto, tiene un aura sagrada que los textos reflejan: es el "monte de las bendiciones" según Deuteronomio (Dt 11,29; Dt 27,12), es decir, el sitio desde el cual se pronunciarían las bendiciones al nuevo pueblo de la Alianza, una vez que hubieran entrado en la tierra prometida (el monte de las maldiciones sería el Ebal, un poco más al norte). El libro de Josué (Jos 8,33-35) cuenta la realización efectiva de esta primera bendición.
Ha tenido una importancia decisiva en la puja por la preminencia religiosa entre Judá (ver Judea) y Samaría, y si bien la Biblia se decanta por la sacralidad del Templo de Jerusalén, aún quedan en la propia Biblia vestigios de aquellos remotos tiempos en que el centro de la religiosidad bíblica era Siquem, y la montaña de Dios el Garizim.
Naturalmente para lo samaritanos, su Monte Garizim seguía siendo el sitio auténtico de adoración.
Se suele señalar el año 331 como el que los samaritanos, con permiso de Alejandro Magno, erigen el templo del Monte Garizim. El año y las circunstancias pueden ser discutidos (De Vaux no la admite), pero el hecho de que los samaritanos contaron con un templo en el Monte Garizim que rivalizaba en el significado de "templo de la alianza con Yahveh" con el de Jerusalén es incontrovertible, ya que fue destruido por Juan Hircano hacia el 129 a.C.
Nada sabemos sobre si fue reconstruido con posterioridad, pero las palabras de la samaritana en el texto de Juan (Jn 4,20-24) dan una idea de que entre los samaritanos el sitio se mantuvo vigente como lugar del culto auténtico a Yahvé.
El Monte Garizim sigue siendo hasta hoy el centro del culto samaritano. Cada año, en la Pascua, los samaritanos celebran allí un sacrificio pascual según los antiguos ritos descritos en la Torá, preservando una tradición que, en su liturgia y localización, se remonta a la época bíblica.