Dios es bueno (Sal 25,8); hace las cosas buenas (Gn 1), reparte bienes (Sal 104,28), trata bien (Sal 119,65), es el bien del hombre (Sal 16,2), ordena todo, incluso el mal al bien (Gn 50,20). El hombre bueno es una categoría de Prov 12,2; Prov 13,22; hacer el bien es la mitad de la ética (Sal 34,15; Dt 30,15); el hombre no debe devolver mal por bien (Prov 17,13; Sal 109,5). Se alaba el hombre generoso (Sal 37,21.26; Sal 112,5), será próspero (Prov 11,25); Dios premia la beneficencia (Is 58,10-12). El hombre no debe ser mezquino ni tacaño (Dt 15,1-11; Eclo 3,1-19); Nehemías apela a su ejemplo de generosidad (Neh 5,14-19). Es bondad disimular una ofensa recibida (Prov 10,12; Prov 17,9). Opuesta a la bondad es la crueldad (el AT no suele registrar la indiferencia), que se describe en acción: el enemigo militar despiadado (Is 13,16.18; Lam); los enemigos en muchos salmos; la violencia en acción (Sal 55). Ezequiel llama a Jerusalén "Ciudad Sanguinaria" (Ez 22,2).