Algunos miembros y órganos del cuerpo pueden considerarse como sede de funciones particulares; pero no es fácil distinguir si se usan como síntoma que delata o gesto que expresa o verdadera sede de la función. La cabeza distingue al individuo (censo), alzada es signo de dignidad personal (Sal 3,4; Sal 83,3); es sede de la responsabilidad: un delito "recae sobre la cabeza" (Jue 9,57); se sacude la cabeza en gesto de estupor o burla (Lam 2,10.15); "las manos a la cabeza", gesto de consternación de Tamar (2Sm 13,19). La cabeza es metáfora de lo primero o principal. El rostro comunica la presencia y sirve para el reconocimiento. Un rostro "luminoso" expresa benevolencia (Sal 67,2); "apartar el rostro" es desatender, descuidar (Sal 13,2); "acariciar el rostro" es lisonjear, buscar el favor (Sal 45,13). El rostro expresa la vergüenza (Sal 69,8). Es metáfora (lexicalizada) de lo que va delante en el espacio o el tiempo. La frente puede expresar obstinación (Is 48,4), descaro (Jr 3,3); es metáfora de lo delantero (Jos 8,10). Los ojos, además de expresar la pena con el llanto, son sede de la estimativa: "bueno a los ojos de N" = agradable a N, aprobado, estimado. De esa función procede el modismo "ojo bueno" = generoso, "ojo malo" = tacaño, envidioso (Prov 22,9; Prov 23,6), avaro (Prov 28,22). La nariz o narices es sede de la cólera, cuyo síntoma es un calor o ardor especial. Nariz se convierte en sinónimo o metáfora lexicalizada de ira, y surge el modismo "ardor de nariz" (harón áp) = ira encendida, cólera ardiente; y la bina de opuestos "largo de narices" = paciente, "corto de narices" = colérico, "alargar la nariz" = dar largas a la cólera (Is 48,9; Ex 34,6; Prov 14,17). Labios, lengua y boca pertenecen obviamente al mundo del lenguaje, con todas sus consecuencias: "lo que sale de la boca" es la palabra, paralelo del aliento (Sal 33,6); "abrir los labios" es prometer (Sal 66,14); cohibir los labios es discreción (Prov 10,19). "Boca de Dios" es el profeta o el oráculo (Is 30,2); "ensanchar la boca" es burlarse (Is 57,4; Sal 35,21). Las orejas (el hebreo no distingue oreja y oído) como órgano del oír pueden ser sede de la atención, 'inclinar, tender las orejas" (Jr 7,24); de la docilidad (Prov 25,12). El brazo es sede del poder y también metáfora (Jr 17,5); "romper el / los brazos" es neutralizar, destruir el poder (Ez 30,21 s); un brazo extendido es un poder de acción (Dt 11,2). La mano obviamente es órgano de la acción, de donde el modismo frecuente "obra de manos de". Sirve para gestos de comunicación personal: "tomar de la mano" = ayudar, proteger, "dar la mano" = gesto de contrato, acuerdo, "alzar la mano" = jurar; golpear las manos = aplaudir. Imponer las manos es signo o acto de comunicar poder, autoridad, bendición (Gn 48,9; Nm 27,18.23); significa y realiza el traspaso del pecado o de la propia entrega a la víctima que se sacrifica (Lv 1; Lv 4; Lv 16). Abrir / cerrar la mano significa generosidad/mezquindad (Dt 15,7.11); "aflojarse las manos" expresa cobardía o desánimo (Jr 6,24; Jr 7,17). Los pies, como órgano del caminar, entran en las frecuentes expresiones de la conducta como camino. Caer bajo los pies = derrotado (Sal 18,39); poner bajo los pies es someter (1Re 5,17). El corazón es sede de la vida consciente: pensamientos, recuerdos, deseos, imaginaciones, deseos. Datos depositados en el vientre "suben al corazón" = se hacen conscientes en el recuerdo, el pensamiento, el deseo. Los riñones son sede de pasiones ocultas (de vida subconsciente, diríamos hoy). Dios sondea corazón y riñones (Jr 11,20; Sal 7,10). El dedo de Dios es un signo divino (Ex 8,15); Dios escribe con su dedo (Ex 31,18; Dt 9,10). La rodilla: curvarla o doblarla es gesto de sumisión, vasallaje (Is 45,23). Además, el cuerpo entero, como unidad, adopta diversas posiciones, ejecuta determinados movimientos que pueden adquirir valor de gesto: de pie en un proceso, sentado en un trono, de bruces rindiendo homenaje. ↗Hombre.