La misma palabra hebrea significa el viento, el aliento animal, la conciencia. A veces significa lo inerte, insustancial (Job 7,7; Job 16,3) . De ordinario, expresa el dinamismo más que la inmaterialidad, y puede ser cósmico o humano o divino. El viento cósmico, aparte su carácter de meteoro, puede asumir un sentido casi mitológico (Ex 15; Ez 37); está al servicio de Dios como otros meteoros. En el hombre es el aliento vital (Gn 6,17), que Dios retira y renueva (Sal 104,30); son las dotes, el carácter, la conciencia (Gn 26,35; Ez 11,5); en particular, es la valentía (Jos 5,1) y la acción decidida (Ag 1,14). El espíritu de Dios en general representa su dinamismo y acción eficaz: acción creadora (↗creación) (Gn 1; Sal 33,6), en estrecha relación con el mandato eficaz; en particular, creador de vida (Sal 104,30); acción salvadora (↗salvación) que excita y dirige a personas elegidas (Jueces); inspiración de los profetas (Nm 11,17ss; Ez 2,2; Ez 3,12). En la era escatológica el Mesías tendrá una plenitud de espíritu (Is 11,2; Is 61,1) y habrá una efusión universal de espíritu (Jl 3,1-2). Es raro que se llame santo (Sal 51,9; Is 63,10). En Sab 1 casi se confunde con la Sabiduría trascendente. ↗Palabra.