Varios números tienen valores cualitativos además de cuantitativos: el dos, de la división; el tres, de lo divino; el cuatro, de la totalidad creada; el siete y ocho, de perfección o totalidad; el diez, lo mismo; el doce, de las tribus; el cuarenta, de una generación o etapa. Poetas y narradores emplean con frecuencia números implícitos como patrones de construcción, con valor estático o dinámico, o también señalando una palabra o motivo dominante. Lo innumerable desborda al hombre y puede ser signo de lo divino (Sal 139,17-18).