El decálogo prohíbe la representación de Dios en imágenes (Ex 20,4-6; Dt 5,8-10; motivación histórica en Dt 4,15-23). En rigor, la imagen puede ser pura representación o lugar de la presencia (como los querubines sobre el arca), no se identifica con el dios. Pero esa representación puede confundir al pueblo, puede introducir un Dios manipulable. Más tarde, en la escuela del Deuteronomio, se considera que cualquier intento de representar a Yahvé produce un ídolo. En la polémica contra la idolatría, fuera y dentro de Israel, se simplifica el sentido y se considera que "la piedra y el leño" reciben adoración. Véanse Ex 32; 1Re 12,25ss. Pero si las imágenes plásticas de Dios están prohibidas, abundan las imágenes poéticas de la divinidad, especialmente en formas y aspectos humanos, sin excluir otras. El israelita habla de Dios raras veces en conceptos metafísicos, de ordinario en símbolos poéticos; que no deben ser eliminados ni neutralizados, sino captados y asimilados.